Un día, el Profeta Muhammad ﷺ entró a un jardín que pertenecía a un hombre de Madinah.
En el jardín, vio un camello. En cuanto el camello vio al Profeta ﷺ, hizo algo inusual: caminó hacia él, bajó su largo cuello, e hizo un sonido suave y triste. Tenía lágrimas en los ojos.
El Profeta ﷺ acarició con ternura la cabeza del camello, calmándolo. Luego se dirigió a las personas cercanas y preguntó: "¿A quién pertenece este camello?"
Un joven se acercó y dijo que era suyo.
El Profeta ﷺ lo miró y dijo: "Este camello se ha quejado conmigo de que lo haces trabajar demasiado y no le das suficiente comida. ¿Acaso no temes a Allah por este animal que Allah ha puesto bajo tu cuidado?"
El joven comprendió. Sintió vergüenza, y prometió cuidar mejor a su camello desde ese día en adelante.
El Profeta ﷺ enseñó a sus compañeros que los animales que tenemos a nuestro cargo son una confianza de Allah, y que somos responsables de su bienestar.
Cuando tenemos animales a nuestro cargo, somos responsables de su comida, su descanso y su felicidad. Allah nos los dio como una confianza. Cuidar bien a un animal es una de las formas en que mostramos a Allah que estamos agradecidos por lo que Él nos ha dado.
De un hadiz narrado por Abdullah ibn Ja‘far (que Allah esté complacido con él), registrado en Sunan Abu Dawud y Musnad Ahmad.