Una vez, el Profeta Muhammad ﷺ les contó a sus compañeros una historia sobre un hombre que caminaba en un día muy caluroso. El hombre tenía mucha sed.
Encontró un pozo, bajó hasta el fondo, bebió un poco de agua fresca, y luego volvió a subir.
Cuando llegó arriba, vio a un perro. El perro tenía tanta sed que lamía la arena mojada alrededor del pozo, esperando encontrar agua. El hombre sabía exactamente cómo se sentía ese perro, porque él mismo había tenido esa misma sed hacía un momento.
Entonces el hombre volvió a bajar hasta el fondo del pozo. Llenó su zapato con agua, lo sostuvo con cuidado entre los dientes para poder subir usando las manos, y le llevó el agua al perro. El perro bebió hasta que ya no tuvo más sed.
El Profeta ﷺ les contó a sus compañeros que Allah quedó tan complacido con el hombre por ese acto de bondad que Allah perdonó sus pecados.
Los compañeros se sorprendieron. Preguntaron: "Oh Mensajero de Allah, ¿también recibimos recompensa por ser bondadosos con los animales?"
El Profeta ﷺ respondió: "Sí. En cada ser viviente hay una recompensa."
Incluso un pequeño acto de bondad hacia un animal le importa a Allah. El hombre de esta historia no era perfecto, pero Allah vio su bondad en ese momento y lo recompensó por ello. Cada vez que ayudamos a un animal, Allah nos observa con amor.
De un hadiz narrado por Abu Hurairah (que Allah esté complacido con él), registrado en Sahih al-Bukhari y Sahih Muslim (mutafaq alayh, acordado por ambas colecciones).