En un valle que una vez se llamó el Valle de las Hormigas, sucedió algo maravilloso que el Quran todavía nos cuenta hoy.
Había un profeta de Allah llamado Sulaiman. También era un rey. Y Allah le había dado un regalo muy especial: Sulaiman podía entender el idioma de los animales.
Un día, Sulaiman viajaba con su gran ejército por ese mismo valle. Había tantos soldados que la tierra temblaba bajo sus pies.
En el valle había un hormiguero. Una pequeña hormiga en el suelo vio que el ejército se acercaba. Ella sabía que todos esos pies marchando podían aplastar a su gente sin que nadie se diera cuenta.
Entonces les gritó a las otras hormigas: "¡Oh, hormigas! ¡Entren en sus casas! Sulaiman y sus soldados podrían aplastarlas sin saberlo!"
Muy lejos, al frente del ejército, Sulaiman escuchó su vocecita. Sonrió al oír lo que ella había dicho.
El ejército de un gran rey había sido conmovido por la advertencia de una pequeña hormiga.
Sulaiman levantó sus manos y rezó: "Mi Señor, ayúdame a ser agradecido por el regalo que me has dado. Ayúdame a hacer el bien, y déjame estar entre Tus siervos justos."
Una pequeña hormiga cuidó de su gente. Y un gran profeta agradeció a Allah por poder escucharla.
Allah escucha cada voz, incluso las más pequeñas. La hormiga de esta historia era muy pequeña, pero aun así se preocupó lo suficiente como para ayudar a su gente, y Allah se dio cuenta de ella. Cuando usamos nuestra propia voz, sin importar cuán pequeños nos sintamos, Allah también nos escucha. Y como el Profeta Sulaiman, siempre podemos agradecer a Allah por los regalos que hemos recibido.
Del Quran: Surah An-Naml (capítulo 27), versículos 18 al 19. La surah se llama "An-Naml", que significa "La Hormiga", precisamente por esta historia. El tafsir clásico sobre estos versículos se conserva en los comentarios de Ibn Kathir y at-Tabari.